Hoy llueve,
parece que sin ganas.
En fin,
a los que se están besando en la esquina
no parece importarles.
¿Por qué debería?
Total,
el mundo debajo de las aceras
sólo aparece cuando llueve,
en forma de vano y fatuo reflejo.
Ahora bien,
el mundo encima de las aceras
siempre está aquí:
día sí y día también.
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