Cuando cierro los ojos
y me viene un sueño ilúcido
-aquí no hay PEGI 18 que valga-,
las letras vuelven
con la misma sensación burbujeante
de burbujas malhumoradas
y descontroladas.
Y despierto de insomnio.
Porque la voz
la puede acallar el grito.
Pero al silencio,
al silencio no hay volumen
que lo silencie:
ése es el grito más fuerte.
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