Las letras
son amantes peligrosas,
son ardientes cunas
que cuentan mis canas
y me preguntan por qué
he dejado de mirarme
al espejo.
Yo, perplejo,
observo cómo mi silueta
se deshace en el reflejo
ya que el viejo jilguero
sigue
en el mismo sitio
y no se ha ido,
sigue
mareado por esas
curvas peligrosas
llenas de letras
solteras.
Mientras tanto,
yo sigo
sin poder
ni querer
dejar de juntar letras.
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